Bunker chic
Revolcándonos en el fango del "conversation pit"

Spoiler alert:
Para descender propiamente al conversation pit hay que dejarse los prejuicios y el feminismos y toda creencia e “-ismo” en la puerta.
Aquí vienen mis amigas y vecinas después de tomarnos algo justo antes de Navidad y las traigo a mi casa, aunque debería decir que las arrastro. O para ser más precisa, nos arrastra el alcohol y el stress acumulado y con todo ello nos vamos abajo, al foso conversatorio a rajar a saco, a muerte. Beben y beben los peces en el río… Qué ganas de sacar mierda y criticar fuerte a todo lo que se mueve: una amiga ausente, o más bien presente en innumerables mensajitos de voz y fotos comprometedoras con un tipo que no es su marido.
-Ven pacá, Maricarmen, que te voy a enseñar una cosa.
Y por eso estamos en mi salón, que no es ningún un foso años 70, el conversation pit. Pero en mi cabeza, la charla es grandiosa.
GRAND CONVERSATION, nena, a lo grande.
Debate importante que debe ser tratado en un salón de lujo, glamour y un no sé qué que tiene el estilo de las casas donde había tiempo libre para tratar temas interesantes.
Los americanos saben sacar partido a estas situaciones mejor que nadie.
En 1957, Eero Saarinen y Alexander Girard usaron una estructura empotrada para configurar la sala de estar de la Miller House en Columbus, Indiana.
“Un intento de acabar con los muebles”, decía el arquitecto, diseñador y ceramista Ward Bennett en 1975.
Empotrar sillones modulares y añadir tapices, cojines. Muebles blandos para que resultara todo de lo más acogedor posible.
Y otra cosa más. Más ritual.
Imagínate a los hombres en smoking. Cualquier novela decimonónica me vale, pero me ha venido a la cabeza Daniel Day-Lewis en La edad de la inocencia, por lo elegante que es. En cualquier cenáculo, tertulia, reunión de clase alta que se precie, los hombres se retiran con su traje para el humo (smoking) a hablar de política, economía, etc, y las señoras se quedan en otra salita … como cerdas, señoras. Con dulces y vinitos, y los otros que fumen fuera. O dentro, qué coraje, no se va a salir a la terraza con este frío.-
En los 70 se adaptó un hoyo en las mansiones- ¡todo es lujo en esta newsletter!- para ir de cabeza al grano, al meollo de la cuestión. Qué sería de la vida sin el cotilleo.

Mi salón está a la misma altura todo él. Y no hay rincón habilitado para hablar, se puede rajar en toda la casa, en las tres alturas que tengo. Desde el garaje hasta la azotea. Te digo que en mi cabeza nos hemos ido al fango de la crítica más abyecta:
-La muy zorra, qué hace con el caballero de buen ver.
-Si mi marido me fuera infiel, yo lo notaría en seguida.- Dice la otra.
-Con sólo mirarle, el cabronazo.
-Y tú, Maricarmen. A qué vienen tantos mensajes de disculpas, todo excusas de esta amiga común con el jovenzuelo.
(…)
Lodazal.
En la película ambientada en los años 70, La tormenta de hielo, hay un momento abyecto también- ¡cómo nos lo estamos pasando!-
Los adultos cenan en casa de unos amigos, matrimonios aburridos, hastiados. Beben y toman drogas y lloran y odian. Ocurre en una zona reservada, algo así como un foso del cotilleo- perdón, me ciño al termino elegante, por Dios, el conversation pit.
En ese hoyo deciden jugar al intercambio de parejas. La luz es tenue, los ojos vidriosos, vestidos largos, colores psicodélicos, etc. Especialmente recuerdo una luz verde, negra, que cruza todo el filme. Como si fueran ojeras de una mujer casada, perdón, cansada.
Siempre es de noche. Hiela. Es el Día de Acción de Gracias, creo. Mientras tanto, han dejado a los niños solos en casa. Y los niñitos hacen lo propio, adolescentes rebeldes y abandonados. Beben y deciden liarse unos con otros. La chica, Christina Ricci, se coloca una máscara de mono sobre la cabeza para soportar el trance, o era el chico. O los dos, no lo recuerdo.
(Yo no he visto Mad men , Yolanda Aranda , pero todas las barbaridades que ocurren en un corrillo, sea en el fondo del foso, o a la misma altura que el resto de la casa. Tiene un peligro que no veas: todas estas confidencias y secretos a voces- pero a voces literal, y si añades alcohol…)
Todo lo que sube baja, y lo que baja, ha de volver al punto justo.
El conversation pit ya no se estila. Los niños y los ancianos (y las borrachas después de la conversación) se caían dentro.
Por otra parte, nuestras mansiones no lo son tanto. La gente se aglomera en apartamentos y pequeños estudios en las ciudades. Y si vivieras en un pueblo, una casa rural, justo ésa que heredaste de tus suegros,… ¿Cómo explicas que te ha dado por excavar un pozo y sentarte venga “chaca-chaca” ahí dentro?
Donde fueres haz lo que vieres, reza el dicho.
Eso sí, las fotografías de las revistas de diseño, o las estrellas de Hollywood como Jane Russel te hacen soñar y pensar que otro mundo, uno repleto de cocktails inofensivos y artísticos, es posible.
(No tan inofensivos. Desde el foso conversatorio puedes verle la ropa interior a la Jane Russel o a tu abuela).


Un mundo de permanentes y ropa de Chanel impecable a cualquier hora del día, uñas hechas, o lo que sea. Nada malo ocurre en las revistas de diseño. El arte es una utopía. Como las casas manifiesto. Como la Bauhaus. Por eso pagamos. Y pagamos caro.
Como llevar tacones. La belleza, el estilo… pero no me mires los destrozos que provoca en mis pies, la columna. Estos pelos.
Se me va de madre el artículo.
Bien.
Como decía, a los americanos se les da genial magnificarlo todo.
Los romanos utilizaban el triclinium para sentarse alrededor. Tapaban con piedras el carbón y se sentaban calentitos alrededor. O España, los patios interiores, salones con los tresillos mirándose unos a otros, y sentarse con los pies dentro de la mesa camilla, el brasero como fuente de calor de la estancia.
Mira el Majlis árabe, un concepto árabe y persa que significa “consejo” o “asamblea”. Todo son cojines y tapices. Asientos modulares para mover y cerrar en círculo. Sentados alrededor de una mesita para el té. Lugar de reunión, celebración de bodas, negocios…
Supongo que desde que colocamos un televisor en el salón, dejamos de mirarnos unos a otros, y nuestras miradas ya no se cruzan. Hoy en día son los móviles los que han roto esta idea de recogimiento y comunicación en un círculo. Estamos todos desperdigados por la casa con un aparatito en la mano. Nos mandamos un whatsapp desde la cocina ya si eso…
Cuando echo de menos esta conversación vamos al bar a volvernos locos. Magnificadas y amplificadas a lo americano. Muy nosotras.
Porque piénsalo: El conversation pit, sunken living-room, magnifica el hecho de reunir unos asientos en torno a una mesa para conversar.
Sólo hay que hundir este lugar en el suelo para que no estorbe la vista del jardín y ya está: aparece un nuevo concepto de diseño.
Un revival. Vuelta a lo retro.
No me digas que no saben hacer espectáculo de lo cotidiano, saber ver con otros ojos lo que ha estado siempre ahí delante.
P.D: La infidelidad ocurrió. Por la mañana lo recogí todo. En Nochebuena cenamos con mis suegros. Los pubertos se aislaron con sus móviles. Yo salí fuera a fumar (lo dejo este año, es mi compromiso de año nuevo). Mi marido devolvió a sus padres a su casa, y de madrugada vimos un rato la tele hasta que él se quedó dormido. Por la mañana compartimos memes por whatsapp. ¿Dónde pondrías un agujero de reunión aquí? ¿No tienes ya bastante?










Reminds me of the Lynch aesthetic.meets destijl and frank Sinatra
https://youtu.be/1dLfoBrTpPQ?si=TpPQgCj3cu3V-X8D
¡Jane Russell diseñadora de interiores! Me fascina... (Y Marilyn Monroe poeta... ¡Qué más, qué más, qué más no sabíamos!)
Muy bueno, Bauhaus girl. Aunque meterme en el conversation pit me provoca claustrofobia, la verdad. Jajaja...